Los incendios forestales son ya un clásico de las noticias estivales. No hay verano sin que haya algún incendio... o dos o tres. Tristísima realidad que año tras año nos abre los ojos de par en par con el fin de controlarlos, atajarlos y frenar la devastación que provocan.
El pasado domingo la mirada estaba puesta en la Jonquera, Girona. Tremendas imágenes y relatos de personas que, atrapadas en la carretera, tuvieron que huir entre el pánico y las llamas que se extendían con rapidez por la zona. La mayoría se salvaron tras llegar a la playa, después de descender por peligrosos acantilados. Peor suerte tuvo un señor y su hija, franceses, que fallecieron después de haber cogido una ruta alternativa y descender por esos acantilados, con la mala suerte de precipitarse al vacío y caer al mar.
A última hora de la tarde de ayer, el fuego, que ya ha quemado unas 10.000 hectáreas,entraba en fase de control, aunque la Generalitat asegura que hasta el viernes no se extinguirá por completo. Hasta el momento son 4 los fallecidos.
Esta tragedia natural y humana me lleva a pensar en la irresponsabilidad de algunos, que tiran dos colillas mal apagadas y se van tan frescos a su casa. ¿Tan complicado y difícil es apagarlas y no tirarlas al campo? Parece que sí, que a muchos les trae sin cuidado la naturaleza y la protección de nuestro entorno. Pero además resulta que es como si estos delincuentes (no hay otro nombre para esta gente) se rieran a nuestras espaldas, ya que las sanciones son un tanto irrisorias.
En este caso, al no ser intencionado, el Código Penal prevé penas de hasta 10 años cuando atente contra la vida. Lo del Alt Ampordá ha sido una imprudencia grave, lo que conllevaría además una multa de un máximo de 400€ al día durante 12 o 24 meses. No está mal, sí. 10 años en chirona o pagando condena y abonar hasta 400€ es correcto, pero abogaría por endurecer aún más las sanciones. Creo que cuanto más elevadas sean las multas, más contundencia en la aplicación de la Ley en estos delitos, más gente se preocupará de tener más cuidado con sus cigarrillos. ¡Nos jugamos el medio ambiente!
Lo de los incendios intencionados es otra historia. Aunque aplicaría la misma receta. Aquí además, hay intención, maldad, y en muchos casos se cobran vidas humanas.
Y una reflexión sobre este asunto. La encontré en la prensa. Un experto en la materia saca a la luz los peligros a los que se ven sometidos nuestros bosques, desprotegidos y tremendamente cambiantes en un mundo globalizado, que ha abandonado, aquí en España, los trabajos de agricultura y ganadería, olvidándose de la gestión forestal, años atrás tan rentable. Esperemos que alguien le preste atención; se dan buenas recetas, buenas soluciones para no volver a ver paisajes arrasados por el fuego.